"Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias." MVLlosa

martes, 15 de marzo de 2011

La mujer que pude haber sido

-Amiga, traigo tatuajes de henna. Mira, dragones, mariposas, corazones, abejitas. Qué te gusta? Para el ombligo, para la espalda. Te quedan bonitos. Míralos.

- No gracias.



 

Maribel se levantó a las 4 de la mañana entre una brisa fresca que sabe le va a durar unos pocos días más. La primavera se acerca a velocidad rampante trayendo consigo al calor sofocante, las ocasionales lluvias y la feria de zancudos. Levanta a su hijo mayor para que le ayude a recolectar un poco de leña mientras junta las sobras de la cena para repartirlas entre los 5 integrantes de la familia.

Una vez que su familia, conformada por sus tres hijos y su madre, terminaron el desayuno los prepara para que se marchen a la escuela o a sus respectivos oficios. Carlitos, el más grande, ya trabaja en una cooperativa empacando plátano macho. Igual que ella no pudo terminar la secundaria para ayudar con la economía familiar.

Luego de una refrescada en el improvisado baño de corteza y lámina, Maribel prepara la dotación de calcomanías de henna que va a ofrecer en el puerto. Hoy es sábado y con suerte la turisteada le dejará los pesos que le urgen para poder comprar algo para la cena. Antes de salir se embadurna de rimel las pestañas y se unta aceite de coco en el cuerpo, su lema es "pobrecita pero arregladita". Lástima que el sol, la mala alimentación y los tres hijos paridos le han dejado huellas en la cara y en el cuerpo pero aún conserva ése candor que la hacía irresistible en la Escuela Secundaria 57 de Cayaco. Por eso había decidido vender tatuajes de henna y no tamarindos o botanas: era su aportación al mundo de la belleza.

Mientras se sube al camión que la lleva hasta el puerto y con el acompañamiento sonoro de Banda Machos se pierde entre los recuerdos de sus años más felices, no por haber vivido en otra casa o conocido lujos pero sí por haberse sentido jóven y deseada. Tenía sueños e ilusiones y pensaba que un día alguien o algo la sacaría de ahí. A veces esos recuerdos lastiman como la arena que se filtra entre la planta del pie y su zapato.

Después de horas de camino llegó al puerto y se detuvo un momento en la playa para apreciar la calma y la tersura del compañero de toda su vida. Ya llevaba rato caminando cuando vió una mujer sola, sentada con la vista fija al mar. La brisa jugaba con sus cabellos y ella permanecía simplemente inmóvil como en una postal. Maribel pensó que la propuesta de un tatuaje de henna le parecería irresistible así que caminó hasta donde ella estaba pero lo único que recibió por respuesta fue un "no gracias" acompañando al rostro impávido donde un par de ojos color mar se hacían los protagonistas. Unos ojos tan concentrados en el llanto que cualquiera diría que por ahí se les estaba llendo la vida.

Maribel dió la vuelta maldiciendo su suerte, ya era medio día y no había vendido nada.

-De qué puede estar llorando esta güerita, ya la quisiera ver tatemándose las patas para darle a sus hijos algo de comer-


Ana se levantó más temprano que de costumbre, últimamente no podía dormir muy bien. El reciente divorcio y tan apresurado nuevo casamiento de su exmarido la tenían emocionalmente afectada. Patricio, su hijito de tan solo cuatro años constantemente le preguntaba por su padre y ella se sentía una inútil respondiendo con balbuceos y llanto. Sus padres la invitaron a pasar unos días con ellos, unas cortas vacaciones para que Patito se distrajera y ella aceptó. En éstos  momentos el niño necesitaba otra compañía que no fuera su madre.

Tomó un baño ligero con agua tibia y body lotion perfumado. Se metió en el breve bikini que ya no hubo oportunidad de estrenar con su marido ("ex-marido" se recuerda para su adentros), se untó el bloqueador solar, calzó sandalias y un blusón. Tenía la intención de hacer un poco de ejercicio, hundir los pies en la arena y regresar a tiempo para desayunar con Pato y los abuelos pero una vez en la playa el montículo de arena la aclamaba, no pudo sino caminar como hipnotizada y tomar asiento en la todavía fresca arena. La vista fija en la inmensidad, los dedos haciéndola de palas y rastrillos, el sol hirviendo en la cabeza. De pronto las fotos de su vida se proyectaron en secuencia animada, sus padres protectores, su infancia de caprichos, la adolescencia en Barcelona. Sintió un temblor en la espalda cuando recordó el día de su boda, su vestido, sus ilusiones, su álbum, su amor. Se había casado con el mejor hombre del Universo, habían transcurrido como agua los cinco años de matrimonio, tuvieron a Patito, salían de vacaciones y eran muy felices o al menos es lo que ella sentía hasta que Rodrigo le dijo sin pretextos ni disfraces que amaba a otra mujer y que quería el divorcio. Aún hoy, después de tanto dolor y tanta confusión, ella seguía considerándolo como el mejor hombre del mundo, el mejor padre, el mejor amigo. Lo único que había cambiado es que ahora amaba a otra persona en lugar de a ella. Sabía que de haberle confesado a Rodrigo que se estaba muriendo no la hubiera dejado pero jamás hubiera soportado una mirada de lástima de él. No obstante que su mejor decisión había sido dejarlo ir hoy ella estaba llorando inconsolable, a pesar de la belleza de un mar en calma, de un día perfecto, de un hijo hermoso. Y no estaba llorando por que su muerte era pronta e inminente sino por que el desamor ya le había matado en vida. Hay personas demasiado maravillosas que contienen tanta felicidad que sería egoísta tenerlos para uno solo toda la vida, su misión es hacer felices a muchas personas por ratos. Rodrigo era una de esas personas y el rato con ella había caducado.

Sus pensamientos ahogados fueron interrumpidos por una sombra que cobró materia cuando la volteó a ver. Era una de esas vendedoras de la playa ofreciendo sabe Dios qué. Le llamaron la atención sus ojos color mar que refulgían en una piel sumamente tostada por el sol y una sonrisa de dientes blancos que parecía que cantaba una cumbia cuando hablaba. Por única respuesta le dió un "No gracias" y la vió alejarse.

Se quedó pensando "si al menos tuviera yo esa fuerza y esa sonrisa con la que esa mujer vive".

Ana y Maribel nacieron el mismo día del mismo año en diferentes ciudades y en diferentes condiciones sociales. Las dos son mujeres de ojos amplios, comparten la estatura y el gusto por el mar.

Ana y Maribel, tan parecidas y tan distintas. Dos mujeres viendo el mismo mar y viviendo distintos remolinos.

4 comentarios:

  1. linda historia! y si, nadie sabe las historias que se esconden detrás de un par de ojos...

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  2. Apenas la semana pasada escribí algo que se llama "A todas las mujeres que no seré".

    Ana y Maribel. Fiera y Miss de kinder. Mujeres de muchas dimensiones que ocupan un solo cuerpo.

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  3. Pensamientos reflexivos...palabras que enamoran...

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