"Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias." MVLlosa

martes, 19 de octubre de 2010

Una vacante en La Luna

Hace unos días me ocurrieron una serie de eventos que pensé interminables, que se sucedieron uno al otro y que al final lograron un resultado que no esperaba. Empaqué solo los recuerdos que me quiero llevar, guardé con cuidado los trozos de mi corazón, me pinté la boca y abandoné el hogar donde me cobijé éstos últimos ocho meses: La Luna.

Me di cuenta que ya era tiempo de emigrar y comenzar de nuevo. Recuerdo que llegué un día sin sentido y sin dirección, como paracaidista, a establecerme en un lugar donde no tuviera que tomar decisiones y donde pudiera observar mejor.

Me puse cómoda, me instalé, me cobijé con la amistad de algunas personas y me deshice de las pretensiones de otras. Ahí, aislada en mi Luna, me di cuenta que lo que pensé un día que me haría feliz no era así, que no me conocía en lo más mínimo y que tal vez por mucho tiempo me dediqué a ocultar mi pasión, mi alma y mi verdadero yo. Me esforcé demasiado en camuflarme en una sociedad para “embonar” a pesar de lo mucho que me costaba, a pesar de mi misma. Perdí fuerzas y seguridad en el camino, perdí la valentía y el coraje para luchar por lo que me hace feliz. Confié en personas equivocadas, dejé que me “cargaran” pensando que así me salvarían de no-se-qué, pero me dejaron caer. No una, varias veces.

Algún día alguien me decía que debía tener paciencia, que las cosas llegan con paciencia. Y sabes que? Que no. Yo hoy no tengo paciencia, ni tengo tiempo, ni tengo ganas de quedarme con los brazos cruzados esperando que pasen cosas maravillosas en mi vida. Por eso estoy agarrando mis chivas y me estoy pintando de colores. Ya no quiero estar en La Luna, ya estoy puesta, lista y fuerte en el viaje de Mi Vida. Ya sé lo que quiero, ya sé lo que me hace feliz, ya sé lo que estoy dispuesta a perder en el camino con tal de llegar por que como dice mi hermano “se necesita valentía para marcharse y vencer el miedo a llegar”.

Por eso, hay una vacante en La Luna. Si tú la quieres, adelante. Sirve estar ahí por un tiempo, no te quedes demasiado por que las cosas más fregonas de la vida no te caen solas. Hay que moverse, luchar, pelear como fiera. Y eso voy a hacer, ésta vez lucharé como loca contra mis miedos y mis fantasmas, no voy a dejar que se vaya eso que me hace ser una mujer completa y locamente apasionada de respirar todos los días.

Oficialmente dejo la luna, Diablo Guardián.

Ilustración cortesía de @tuitusmonos
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lunes, 11 de octubre de 2010

La gente vive como maneja

El otro día iba manejando sobre Circuito, era un domingo a la hora de la comida y la verdad es que no había tráfico. Yo iba por el carril derecho ya que estaba a punto de tomar la siguiente salida. Una camioneta  estaba esperando en la siguiente entrada para incorporarse a Circuito. Yo aminoré la velocidad a una buena distancia. Estábamos en el entendido que él iba a pasar y que yo lo estaba permitiendo. La camioneta avanza solo un poco y a la mera hora frena. No se aventó.

No pude aguantar la curiosidad de ver la cara del conductor. Me lo imaginé haciéndose para un lado esquivando golpes en la vida. Indeciso de avanzar o frenar, indeciso de tomar oportunidades y de arriesgarse, esperando a que llegue un mejor momento, me recordó tanto a alguien... Y es entonces cuando me imaginé que vivir es como manejar.

Hay conductores que se lo toman todo con calma por que así les da su gana, por que son seres tranquilos, por que no tienen prisa, por que no tienen una motivación o tal vez por que ni siquiera saben hacia donde van. Hay otros histéricos, que se la viven haciendo escándalos, tocando cláxons, insultando a la gente, con furia y resentimientos guardados. Están también los impacientes que siempre van rápido, como si los vinieran persiguiendo. Como si se les fuera la vida, aunque después de uno que otro susto se dan cuenta que no todo es mejor por que sea más rápido. Y claro, quién no se ha topado con los egoístas, esos que tienen el “síndrome del hijo único”, los que se paran a mitad de la calle para recoger a alguien, los que se detienen en doble fila reduciendo la circulación a un solo carril, a esos que les valen los demás, esos que nunca se toman un tiempo por pensar la situación por la que otros conductores van pasando. Mientras ellos puedan ir sin problema a donde tienen que ir, al ritmo al que quieren ir, pararse justo donde se tienen que parar todo está bien.

Que tal los que se creen perfectos, que se saben todas las señalizaciones, todos los atajos, todas las direcciones, aquellos que si no manejas como ellos, no sabes manejar. No aceptan otros estilos, otras opiniones, otros caminos. Existen los que siempre toman el mismo camino, a la misma hora, que creen que lo tienen todo medido hasta que en plena manifestación se dan cuenta que a la vida no se le controla. Por el contrario, están aquellos que siempre buscan nuevas rutas para llegar a algún lado, que se pierden, que dan vueltas pero al final son los que después de tanta perdida algo van aprendiendo. Hay veces que te das cuenta que tenías que perderte para encontrar algo maravilloso. Y para aderezar cualquiera de las anteriores se puede combinar con los prejuiciosos y sexistas. El típico “tenía que ser vieja". Y así, una gran variedad de estilos y moods . Los respetuosos, los que conocen el reglamento, los que apoyan "el peatón primero", los come-altos, los soñadores, los musicales, las multi-task...


El punto es que nuestros actos son los que definen lo que somos. De qué sirve presentarte como Ana si eres Caro. De qué sirve pregonar que eres una persona respetuosa, con valores, con dignidad y resulta que actúas como todo un patán(a). De qué sirve andar canturreando que eres “greenpeace” si ni siquiera puedes separar la basura. De qué sirve promoverte como la nueva Madre Teresa si eres incapaz de ayudar a las personas más cercanas. De qué sirve decirle a la gente que la quieres si no te preocupas por ella, si no la cuidas, si no eres gentil. De qué sirve vestirte de Gucci si es pirata. De qué sirve pedir perdón si no lo sientes. De qué sirve la vida si no la vas a vivir. Las cosas son lo que son, las personas somos como somos y eso se nota aún cuando le pongan nombres bonitos ó ideas falsas a una realidad beligerante y ensordecedoramente obvia, tarde o temprano.

Todos nos hemos pasado altos, infraccionado límites, dado un portazo sin querer al coche de al lado, cambiado de carril sin poner la direccional, chocado ó mentado la madre. Todos nos hemos equivocado. Pero tenemos una esencia innegable, intrínseca y maravillosa y no tendríamos que mentir tratando de embellecerla por que las mentiras son joyas de vidrio barato que no necesitamos.

Todos los días se aprenden atajos nuevos.


domingo, 10 de octubre de 2010

Para ser amigo no basta con querer


A veces es necesario tomar aire fuera de casa, salir a caminar lejos del camino, experimentar nuevas situaciones de vida. Pero cuando la gente se aleja de nosotros no es tan sencillo entenderlo. No podemos comprender cómo es que con tanto amor y tantas aventuras construidas tengan que irse lejos de nosotros. Es complicado saberse abandonado sin sentirse traicionado porque tendemos a personalizar todas las acciones de los demás. No entendemos que las personas tienen que andar su propio camino muchas veces sin nosotros y eso no significa que nos hayan dejado de amar. Y a veces ese camino los lleva tan lejos que es casi imposible el regreso hacia ti. Dice el dicho que dejes ir al que amas y si te quiere regresará pero eso no es cierto, hay gente que te ama y que aún amándote no puede estar contigo y sus circunstancias no le permitirán estarlo más. Por eso hay que aprovechar a las personas mientras su momento les permita coincidir con el tuyo, no sabemos cuanto tiempo será. Y si se marcha y llega a regresar será una segunda oportunidad de volverlo a disfrutar.

Hay personas que hoy se encuentran lejos de tu vida, que han encontrado respuestas en otro lado, aquellos que su vida cotidiana los tiene muy sumergidos y no tienen tiempo de compartirse con nadie. Hay amigos que aún no pueden sobrepasar un mal entendido, y amigos a los que hoy no les hacemos falta. Gente que no te entiende y por eso se aleja, aquél que a pesar de que te ha robado el corazón no es posible que regrese a dártelo en la mano. Pero la vida es tan maravillosa que siempre te deja una sorpesita en el buró, como ese amigo que se te fue en algún momento y que hoy milagrosamente ha reaparecido para estar de nuevo entre tus andares ó ésa mágica persona que conociste una noche estrellada y que hoy está aquí compartiendo tus amores, tus sueños y tus llantos. El amigo desaparecido que te llama por telefono el día de tu cumpleaños.

No importa si son amigos de un día o de toda la vida, la gente que compartió, comparte y va a compartir ratitos de existencia contigo es una bendición.

"Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud" -Aristóteles